El agotamiento emocional es una de las peores sensaciones que se puede experimentar, sin hacer de menos a enfermedades graves, que ya es otro tema aparte.
Todo te lo tomas como algo personal, cada frase te hace daño y te lleva a un estado paranoide en el que crees que no gustas a nadie y que la gente prefiere estar sin ti. Te sientes extremadamente cansado de sentirte así pero no sabes cómo salir. Hasta la más mínima acción supone para ti un desgaste tremendo y estas a la defensiva las 24 horas del día, pero a la vez no te sientes con fuerzas de batallar con la gente. Eso solo puede acabar desembocando en una soledad no buscada que no sabes gestionar, y cuya compañía hace que te retroalimentes pensando en la razón que tenías y en cómo la gente no quiere tu compañía.
¿Y sabes qué es lo peor? Que esa sensación solo la tienes tú. Todo eso que te atormenta no existe más que en tu mente. Los demás seguirán haciendo su vida sin darse cuenta la vorágine en la que tú solo te has sumergido y de la que no sabes salir.
Tampoco vas a pedir ayuda, porque en el fondo sabes que los motivos que te impulsan a estar así no son reales y crees que exponerlos a la gente, además de hacerles sentir mal (o no), puede hacerles pensar que estas buscando atención y que si las cosas no salen como a ti te gusta ya estas dramatizando.
Parece un poco contradictorio, ¿Verdad? Tienes tus momentos de lucidez en los que sabes que todo ese caos que llevas dentro es algo que tu mismo te provocas, pero también hay momentos de crisis en las que no eres capaz de verlo y te crees a pies juntillas todo eso que tu lado venenoso te suelta de la forma más cruel. Aun en los momentos de lucidez no sabes cómo parar esos pensamientos negativos, si bien es cierto que dan cierto descanso y paz porque eres consciente de que es algo que tú solo te estas provocando. Ese descanso puede durar días hasta el próximo desencadenante, horas o segundos.
Hace tiempo que realizar las cosas que me gustan me supone un mundo. Si pienso en ello cuando no tengo tiempo libre, estoy deseando que llegue el momento de ponerme a ello. Cuando llega el momento de ponerme a ello porque tengo libre me supone un suplicio preparar las cosas. Cuando lo analizo desde un punto de vista lógico sé que no tiene sentido. No sé qué es lo que me atenaza hasta el extremo de dejar pasar las horas y dejar de tener ese tiempo. Parece que estuviera huyendo de algo ¿Pero de qué?
Cuando realmente consigo ponerme a ello no podría disfrutarlo más, y me inunda una paz y una felicidad tremendas. Y analizándolo ahora con calma creo que esas veces son las que me pongo sin pararme a pensarlo mucho.
No sé hasta cuándo me servirán estas terapias como escribir, dibujar... tengo la sensación de que cada vez tengo menos paciencia y que los ataques de ira, tristeza y soledad son cada vez más frecuentes que los momentos de paz. Cuando estos últimos vienen me olvido de todo lo negativo y me siento bastante mal porque no tengo motivos para sentirme sobrepasada por el malestar. Ahora mismo no sé qué hacer para arreglarlo. Esperaré a que me venga la inspiración divina...
~ôwô~